La actividad misionera.

La expansión colonial europea, secuela de la económica (Revolución Industrial), es típica de esta época: Europa era entonces paradigma universal de progreso e industria. Los países europeos que carecían de posesiones coloniales las adquirieron, y en ellas floreció la actividad misionera cristiana, con pleno respaldo del gobierno metropolitano, especialmente en las francesas. En las postrimerías del siglo (1860), como se vio en la primera parte de este capítulo, los Estados Unidos de Norte América comienzan una extraordinaria aventura misionera, que los llevará a predicar el evangelio en regiones de la Tierra hasta entonces no tocadas por misioneros cristianos, difusión que coincide con el decaimiento de la obra misionera católica, en parte debida a la disolución temporal de la Compañía de Jesús (1814).

Impresionante la difusión universal del cristianismo, por esta actividad misionera, la cual, empero, examinada más de cerca, resultó estéril. En realidad muy poco fue lo que, de conversión a la vida cristiana de los nuevos pueblos evangelizados, se logró. Números exiguos, en todas las misiones cristianas y un profundo extrañamiento del cristianismo con las culturas paganas. El cristianismo fue, en las misiones, la religión metropolitana, un incompredido estigma colonial.