LA CRISTIANDAD EN EL MUNDO ACTUAL.Del Concilio Vaticano I (1879) al Concilio Vaticano II (196­5)

EL SIGLO DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA.

El siglo XX es de persecución despiadada al cristianismo, las peores en Alemania (durante el Kulturkampf de Bismarck y en la época nacional-socialista), en México y en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, pero también las hubo menores en casi todos los países occidentales, especialmente en Francia e Italia, tanto como en algunos países africanos y asiáticos.

El Kulturkampf (Lucha por la Cultura) en el Imperio Germánico.

El Príncipe Otto von Bismarck (1815-1898), canciller de Prusia (en 1862), fundador del Imperio Germánico (1871) y unificador de Alemania, temía que la Iglesia católica impidiera la unidad alemana, por lo que la persiguió, para disminuir su influencia en el Imperio Germánico. Esta persecución es conocida como el Kulturkampf.

En 1871 suprimió el departamento católico en el Ministerio de Culto Público, un año después expulsó a los jesuitas y sometió a control gubernamental la educación privada; en mayo de 1873 promulgó las Leyes de Mayo, que afirman la supremacía absoluta del estado y en consecuencia limitan los poderes disciplinarios de la iglesia, sujetándola a una Corte Suprema Eclesiástica, nombrada por el Gobierno y bajo su control directo; retiró todo apoyo financiero a la Iglesia católica, rompió relaciones diplomáticas con la Santa Sede y exilió a todas las órdenes religiosas; puso los seminarios bajo control gubernamental, obligó a los estudiantes para el sacerdocio a hacerlo en los liceos públicos (Gymnasia) y a pasar un examen de habilitación ante el estado (Kultur-Examen).

Estas medidas fueron condenadas por Pío IX en su encíclica Quod nunquam (1875) y también fueron adversadas por muchos protestantes alemanes, ni qué decir por los católicos; el clima de opinión pública hizo que fueran revisadas y Bismarck, hacia fines de 1870, más bien empezó a negociar un concordato con la Santa Sede, fundamentalmente para lograr el apoyo de los católicos en su lucha contra los social-demócratas; lo firmó con León XIII y ya para 1887 la mayoría de las leyes persecutorias contra el catolicismo romano se habían anulado (no así la expulsión de los jesuitas).

Contrariamente a las expectativas, el Kulturkampf avivó la fe de los católicos, pero en la jerarquía romana dejó una profunda huella, que la haría sumamente temerosa frente al gobierno alemán, conceptuado como capaz de barrer el catolicismo del Imperio Germánico, lo que se pondrá de manifiesto, lastimosamente, cuando Hitler inicie otra persecución, a la cual la Iglesia de Roma no sabrá oponerse debidamente.