La reforma católica en 1517

Así, pues, antes de la revuelta luterana (1517) la Iglesia romana había recorrido un camino en el que faltaba mucho por andar, sobre todo en lo que se refiere a la reforma de las costumbres del pueblo, pero que iba en la dirección correcta, pues contenía todo aquello por lo que la Reforma pretendió luchar: lectura de las sagradas escrituras por el pueblo y en lengua vernácula, celebración de la misa en la lengua común, eliminación del fiscalismo y la simonía (venta de indulgencias), combate contra la relajación del celibato eclesiástico, planteamiento inteligente de los estudios eclesiásticos, asimilación del humanismo, individualización de la piedad, abandono del hieratismo y de la hierocracia, independencia de las iglesias nacionales, eliminando el centralismo de la curia romana, etc., etc. Si se hubiera seguido por este camino, en lugar del desgarramiento que la Reforma implicó, quizás habría cuajado, ya en el siglo XVI, el ecumenismo que quizás nos sea dado vivir en el XXI. La Reforma y la reacción consiguiente, la Contrarreforma, no lo permitirían.
Pasemos, ahora, a considerar las Reformas protestantes.