La reforma católica en Italia.

Roma veduta, fede perduta!", con este dicho a menudo se han referido los incrédulos a la situación romana a inicios del Renacimiento, pero no era exclusiva de Roma la permisividad, sino de toda Italia. Sin embargo no se debe exagerar: aunque el hombre del Renacimiento repugnaba al modo de ser medioeval, no se trataba de un licencioso ni de un escéptico, menos aún de un apóstata; todo lo contrario, los renacentistas fueron profundamente piadosos, y la relajación de las costumbres que se les achaca se limita a su rechazo de una forma ideal de vida que los medioevales persiguieron, pero que nunca vivieron, a saber, tanto la santidad como la perfección monástica. El cristiano del Renacimiento concibió el ideal cristiano no como uno de perfección heroica, sino simplemente el cumplimiento de los mandamientos, viviendo en el mundo y no fuera del mundo. Esto para el común de las gentes no era un error, y si lo fue no sería ciertamente un error grave, pero este mismo ideal, en las órdenes religiosas y aún entre el clero secular, quizás podría significar un relajamiento inadmisible, si es que la clerecía fuera la sal de la Tierra.
El espíritu de vuelta al cristianismo primitivo se manifestó en Italia por las llamadas Compañías u Oratorios del Divino Amor que fueron hermandades de caridad y beneficiencia, dedicadas al culto eucarístico y a la fundación de hospitales para incurables, además de recoger limosnas para ayudar a los necesitados, dar dote a doncellas pobres, asistir a los enfermos, enterrar a los muertos, etc., incluso fundaron los Montespíos, para salvar a los pobres de la usura; inicialmente estos Oratorios fueron de laicos, pero luego se les unieron religiosos y tomaron forma más regular; en Génova, en 1497, encontramos un oratorio dirigido por un prior, con tres consejeros, visitadores de enfermos, limosneros, maestro de novicios, dos mayordomos, un síndico, 36 hermanos laicos y 4 sacerdotes; con piedad en común (misa diaria, ayuno semanal, confesión al menos mensual, comunión 4 veces al año, etc.); su principal obra era atender el Hospital de los Incurables. Estas Compañías u Oratorios del Divino Amor se dieron en muchas ciudades italianas fuera de Génova, en Roma, Vicenza, Nápoles, Venecia, etc.