La reforma católica en la Iglesia Romana.

El papado convocó varios concilios universales (Vienne en 1311, Pisa en 1409, Constanza en 1414, Basilea en 1431, Ferrara-Florencia en 1438 y Letrán en 1512). Por diversas circunstancias niguno concluyó nada sustancial, excepto el de Letrán, y tampoco lo que concluyeron fue puesto en práctica. Estos esfuerzos produjeron, en la curia romana, un clima de desconfianza hacia la actividad conciliar, pues la celebración tan seguida de concilios evidenció la existencia de fuertes tendencias conciliaristas entre el clero y la jerarquía.
Por esta época se dan movimientos reformistas de las costumbres mediante la predicación al pueblo y al clero, es la época áurea de la predicación religiosa, llevada a cabo por predicadores estables e itinerantes: Vicente de Ferrer (1350-1419), Bernardino de Siena (1380-1444), Juan Capistrano (1386-1456), Juan Geiler (1477-1510), Gerardo Groote (1340-1384), el maestro Eckart (1260-1327), Juan Colet (1466-1519), Jerónimo Savonarola (1452-1498), etc.
Asimismo se producen dentro de las órdenes religiosas movimientos de reforma: entre los dominicos, los franciscanos, los jerónimos, los benedictinos, etc., todos para volver a una observancia estricta de la regla religiosa respectiva y para renunciar a las exenciones a la disciplina monástica concedidas por Roma. Aparecen nuevos tipos de órdenes religiosas innovadoras, ente las que destacan los llamados clérigos regulares, alrededor del 1530, religiosos que que actuaban como las órdenes mendicantes, pero sin hábito diverso al del sacerdote secular, quienes, sin obligaciones de coro ni monacales, podían dedicarse más por entero al apostolado y la predicación.
Pasemos seguidamente a considerar cómo fue reformándose la Iglesia católica las principales regiones de Europa: