LEÓN XIII.

Aquí cabe hacer un paréntesis, para referir sucintamente las actuaciones de este Papa pionero de la modernización de la Iglesia romana. León XIII (1810-1903), diplomático vaticano (en Londres, París, Colonia, y en muchas otras ciudades europeas), fue nombrado cardenal por Pío IX en 1853; era obispo de Perugia desde 1846. Electo papa en 1878, continuó la política de Pío IX de extrañamiento del mundo moderno, pero la atenuó en muchos puntos, tratando de lograr compromisos con los gobiernos de la época (Alemania, Bélgica, Gran Bretaña) y estableciendo nuevos lazos diplomáticos (especialmente con Estados Unidos de Norteamérica, Rusia y Japón); cotidianamente se dedicó a la cuestión romana, sin lograr gran cosa: el Papa siguió prisionero en el Vaticano, y los católicos italianos siguieron sufriendo la prohibición de participar en la vida política de su país; igualmente desafortunado fue en sus relaciones con Francia, donde la persecución a la Iglesia romana no tuvo tregua.

Por lo que más se le recuerda es por su apertura a la cuestión social, convirtiéndola en punto clave de las relaciones entre Iglesia y mundo; especialmente importante fue su encíclica Rerum Novarum de 15 de mayo de 1891, epítome de la doctrina social de la Iglesia para nuestro tiempo y fundamento de los movimientos sociales del catolicismo y la democracia cristiana. Igualmente importante fue su obra en lo doctrinal, determinando la filosofía fundamental de la Iglesia (el tomismo, en su encíclica Aeterni Patris, de 4 de agosto de 1879), abriendo los archivos vaticanos a los estudiosos y estimulando los estudios bíblicos (creó la Comisión Bíblica en 1892, para que los católicos pudieran ponerse a la par de los protestantes en estudios bíblicos). Igualmente invitó a todas las confesiones cristianas a unirse con Roma, pero no aceptó que se hiciera mediante un sistema federal; asimismo investigó un aspecto muy doloroso en las relaciones con los católicos anglicanos, el de si las órdenes eclesiásticas anglicanas eran o no válidas, concluyendo que no lo eran (encíclica Apostolicae Cura, de 1896). En el año jubilar de 1900 consagró toda la raza humana al Sagrado Corazón de Jesús.

Como se verá, León XIII es el precursor por excelencia de las transformaciones que experimentará en el siglo XX la mayor de las facciones cristianas, la Iglesia católica romana.