LUTERO.

Martín Lutero (1483-1546) fue un hombre multifacético, excelente teólogo, buen filólogo y músico, realizó sus estudios primarios en Mansfeld y luego estuvo un año con los Hermanos de la Vida Común en Magdeburgo; pasó a estudiar artes en la Universidad de Erfurt, donde se bachilleró en 1502 y obtuvo la maestría en 1505 (segundo entre 17 candidatos); sus padres deseaban que estudiara leyes, pero él escogió la carrera religiosa e ingresó al convento de los padres agustinos reformados (de estricta observancia) en Erfurt, en 1505 (según él mismo relata, por una promesa a Santa Ana a raíz de implorar por su vida en una tormenta), en 1506 hizo sus votos monacales y en 1507 fue ordenado sacerdote, siendo luego escogido para estudios avanzados en teología, en la recién fundada (1502) Universidad de Wittemberg, a la que ingresó en 1508 y que se encontraba bajo el patrocinio de Federico III, el Sabio, Elector de Sajonia (uno de los aspirantes a Emperador, respaldado por el Papa León X). En 1509 Lutero obtuvo su baccalaureus biblicus y paso a Erfurt para el siguiente grado el de sententiarius, inicio su carrera como profesor de teología en Erfurt, su principal quehacer, al que se dedicó más que a la reforma del culto, y que no abandonaría sino poco antes de su muerte; en 1512 obtuvo su doctorado en teología.
Desde 1511 predicó en su monasterio, a partir de 1514 en la iglesia parroquial, la del castillo; fue nombrado prior de la orden y en 1515 vicario distrital, con jurisdicción sobre 11 casas agustinianas.
Como teólogo presentó, junto con sus colegas de la Universidad de Wittemberg, un ambicioso programa para modificar los estudios teológicos, que habría desterrado mucho de la escolástica decadente, y el abuso de la autoridad de Aristóteles, en favor de un humanismo bíblico, es decir, un estudio directo de la Biblia fundado en sólidos cimientos filológicos (griego, hebreo y latín) y en la patrística, especialmente San Agustín; en esta reforma, que no halló acogida entonces, fue ayudado por Karlstadt (1480-1541) y Melanchton. Melanchton (1497-1560) sería el sucesor de Lutero, a la muerte de este, y a él se debe la reforma de la enseñanza en Alemania (se le ha denomimado Preceptor de Germania), reforma que debe no poco a Lutero; Karlstadt acabaría como oponente del luteranismo, por parecerle una doctrina conservadora, en tanto que él pretendía reformas más radicales. En 1517 Lutero escribió una serie de tesis contra los teólogos escolásticos y en defensa de la nueva orientación de los estudios, que no tuvo eco en las universidades; Lutero no fue un teólogo sistemático, sino temático, por así decir, tocando en diversos tratados o ensayos específicos, temas específicos (el sistematizador de la teología luterana fue Melanchton, quien en muchas tesis se acercó al catolicismo y al calvinismo).
El conflicto de Lutero con el papado se debió a su ataque a las indulgencias, lo cual fué anatematizado por Roma; como respuesta Lutero niega la infalibilidad pontificia y de los concilios y proclama que la única fuente de verdad es la Escritura; ya hemos visto cómo los movimientos de reforma religiosa estaban por la época bastante difundidos en Europa (Erasmo de Rotterdam, John Colet en Inglaterra, Jacques Lefevre en Francia, Francisco Jiménez de Cisneros en España, Juan de Valdés en Nápoles), por ello la posición de Lutero no era realmente herética, y parecía tan admisible que Erasmo, reaccionando ante la condenatoria romana, escribió al Príncipe Elector Federico III (el Sabio), de quien Lutero era súbdito, haciéndole ver la obligación en que estaba, como príncipe cristiano, de velar porque a su súbdito se le siguiera debido proceso; también apoyaban a Lutero los nacionalistas alemanes, jefeados por Ulrico von Hutten (1488-1523), que deseaban convertir en una nación germana al Santo Imperio Romano, para lo cual debían eliminar la influencia papal, con sus privilegios de nombrar los obispos-príncipes quienes dominaban al Estado. Esto dio visos de poderío a Lutero, pero si el Papa León X hubiera decidido acabar con él, lo habría logrado fácilmente.
¿Por qué no lo hizo?
Porque intereses más urgentes que los religiosos se impusieron: el Papa tuvo que escoger entre acabar con el hereje o perder el apoyo de Federico el Sabio, el decano del Colegio Electoral del Sacro Imperio Romano, apoyo indispensable para evitar que fuera electo como Sacro Emperador alguno de los reyes de Inglaterra, España o Francia, quienes, de obtener la dignidad imperial, habrían acabado con la política de balance de poderes requerida para mantener el poder del pontífice; el Papa cortejó y apoyó a Federico para que fuera emperador, y estuvo de su lado aún después de que Carlos V fue nominado como tal, para lo cual se olvidó del problema de Lutero, tanto así que no fue sino hasta tres años después de que Lutero publicara sus 95 tesis (el 31 de octubre de 1517) que se le llama a juicio, e incluso hay grandes dilatorias para la notificación correspondiente: la bula de excomunión (Decet Romanum Pontificem) es de enero de 1521, aunque muchas de las tesis habían ya sido condenadas en la bula Exsurge Domine de 15 de junio de 1520; la bula de excomunión de 1521 tardó varios meses en ser notificada a Lutero y a la nación alemana.
En el verano de 1520, Lutero publicó el gran manifiesto de la Reforma, Alocución a los nobles cristianos de la nación germana, dirigido a los nobles alemanes y al Emperador, pidiendo al poder civil intervenir para reformar la Iglesia haciéndola volver a la simplicidad, santidad y pobreza primitiva; esta vuelta al cesaro-papismo estaría justificada, en la mente de Lutero, por cuanto todos los cristianos eran sacerdotes, y entonces también sacerdotes eran los del poder civil. También publicó por entonces su La captividad babilónica, en que critica a la Iglesia romana en su culto sacramental, habiendo creados sacramentos no instituidos por Cristo, quien habría instituido solamente el bautismo y la eucaristía, pero no los demás (penitencia, confirmación, orden sacerdotal, matrimonio y extremaunción). No obstante, algunos se mantuvieron como ritos en el culto protestante (confirmación, orden sagrado, matrimonio, absolución, funeral). En lo que respecta a la eucaristía insistió en que se administrara bajo ambas especies (pan y vino), sin permitir la misa de rogativas, ni aquella en que solo comulgara el sacerdote, pues siempre deberían hacerlo también los fieles; negó la transubstanciación, sin rechazar por ello la presencia real de Cristo en la eucaristía (se adhería a la docrina de la consubstanciación o empanamiento).
El 10 de diciembre de 1520, Lutero, en lugar de someterse, quemó públicamente la bula papal que lo anatematizaba; en lugar de una excomunión ipso facto, Federico el Sabio se interpuso y exigió un juicio imparcial: debió haberlo juzgado un concilio, pero los pontífices estaban opuestos a la convocatoria de concilios, para no revivir ni estimular los movimientos conciliaristas, así que, nuevamente, la supremacía de los intereses políticos respecto de los religiosos, le dieron a Lutero ventaja y su caso fue visto por el poder civil, ante un tribunal secular, la Dieta imperial, que se reunió en Worms durante el invierno y la primavera de 1521. Se le juzgó más como rebelde que como hereje, por minar los principios de la autoridad civil, y se le condenó; después de la condena vino la excomunión y entonces, como ya vimos, Federico el Sabio lo liberó de la persecución civil y eclesiástica dándole refugio en el castillo de Wartburgo.
Pero no todos estaban contestes, pues Lutero era extremista, tanto en cosas de este mundo como en las del otro y llevaba a extremos los fundamentos puramente escriturísticos de la fe, sin cejar en nada de una estrictísima doctrina de la predestinación, que condenaba a los réprobos al infierno, hicieran lo que hiciesen y salvaba a los elegidos, simplemente por obra de la elección divina, también hiciesen lo que hiciesen. Lutero no aceptaba que pudiera saberse quiénes eran quién.
Pronto otros protestantes, seguidores de Tomás Müntzer (1490-1525), quizá el único de los reformadores que a la vez fue un revolucionario social, dispuesto a acabar con el feudalismo y la servidumbre, afirmaron lo contrario: estableciendo una Sacra Comunidad Protestante, de, por y para los elegidos; este programa no encontró respaldo entre los príncipes sajones, pero sí en la rebelión campesina que guío Müntzer, la que no fue derrotada sino hasta la batalla de Frankhausen, donde los campesinos fueron aniquilados, y los prisioneros muertos. Lutero, que al principio había apoyado el movimiento, después los execró en su folleto Contra las bandas asesinas y bandoleras de los campesinos, por haber recurrido a la violencia para difundir el Evangelio, condenatoria que le enajenó las simpatías del campesinado del sur de Alemania[5].
Según Ricardo García Villoslada, s.j. (cf. p.692):
...Lutero poseía una naturaleza pujante, una inteligencia despierta, una actividad asombrosa, una imaginación viva y todo ese conjunto de cualidades humanas que disponen a un hombre para mover y conducir las masas. Por otra parte, poseía una idea elevada de Dios y un alto espíritu de sacrificio, con lo que se unían, pero entendidos a su manera, un profundo sentimiento religioso y un alto ideal cristiano.
Mas, por otra parte, aparece en él un conjunto de defectos fundamentales. Su carácter angustioso hizo que no se tranquilizara con la solución que da el dogma católico a la inquietud por los pecados cometidos y el problema de la seguridad de la salvación, y su espíritu de independencia lo sugestionaron con la idea de la justificación por la sola fe. En adelante, el rasgo dominante de su carácter será esa autosugestión, que pone su criterio y sus opiniones por encima de todo, que designa a sus ideas como su evangelio, y que ya no quiere doblegarse ni a la autoridad de los Santos Padres, ni a la de los concilios, ni a la de los papas.
Añadamos a esto su carácter apasionado y vehemente, que no conoce límite en su odio a las personas y a las instituciones que se oponen a su ideología, como lo fueron, sobre todo, el Papado, los monjes y algunas personas en particular. Su estilo es a las veces grosero, como lo reconocen los mismos protestantes, y llega en ocasiones a la inconveniencia en las palabras y en los grabados que ilustran sus folletos de propaganda, cosa que no puede disculparse suficientemente por el modo de ser del tiempo; y lo que es peor, su mismo proceder y su falta de escrúpulos al aprobar la poligamía de Felipe de Hessen y recomendar en los momentos de pasión y de tristeza cierto trato con mujeres, todo esto nos da una idea de conjunto de la figura moral de Lutero.
Ciertamente, Lutero obtuvo un triunfo material extraordinario y brillante, a lo que contribuyeron sus cualidades humanas... Pero junto con este éxito material y humano fue inmenso el daño que hizo a la humanidad. Pretendía reformar a la Iglesia y conducirla a la pureza del cristianismo primitivo, y no solo no la reformó, sino que la dividió, y puso entre los suyos los gérmenes de la división, de la independencia y de una relajación de costumbres de que él mismo se lamentaba.
Lutero merece las siguientes opiniones de Jacques Maritain:
Vehemente evocador de las fuerzas que dormitan en el corazón de la criatura carnal, Martín Lutero poseía un temperamento lírico y a la vez realista, poderoso, impulsivo, valiente y doloroso, sentimental y de una impresionabilidad morbosa. Este hombre violento tenía bondad, generosidad, ternura. Y, con eso, un orgullo indomado, una vanidad petulante. La parte de la razón era en él muy pequeña. Si llamamos inteligencia a la aptitud de asir lo universal, de discernir la esencia de las cosas, de seguir dócilmente los meandros y delicadezas de lo real, Lutero no era inteligente, sino más bien estrecho y sobre todo obstinado. Mas poseía en grado eminente la inteligencia de lo particular y de lo práctico, una ingeniosidad astuta y vivaz, la aptitud de percibir el mal en los otros, el arte de encontrar mil expedientes para salir airoso y abrumar al adversario. Tenía, en suma, todos los recursos que los filósofos llaman la cognitiva, la "razón particular". (Maritain, p.12-3).
...buscó en la vida espiritual, ante todo... consolaciones sensibles...sentirse en estado de gracia -¡como si la gracia en sí misma fuera objeto de sensación!... Una vehemente nostalgia mística trocábase así, en su alma agitada y carnal, en mero apetito brutal de saborear la propia santidad... el sujeto humano... se torna para él, de hecho, más interesante que Dios. (Maritain, 14-5).