Organización colegial de la Iglesia.

Bien entrado el milenio gozarán nuestros descendientes de una Iglesia sin estructuras, como me imagino que fue la de san Pablo. Pero ese será el final, para llegar al cual imagino que Roma dará pasos cada vez más decididos hacia la colegialidad, por modo que el Papa no será, como hoy, soberano de un monolito, sino más bien como un patriarca de las comunidades eclesiásticas ortodoxas, o los arzobispos anglicanos. El II Concilio Vaticano esbozó con trazos suficientes estos cambios, mas el obispo de Roma (¿o su curia?) han logrado posponerlos, posposición quizás providencial –para evitar lo subitáneo– pero que, según pinta, no durará por mucho tiempo.